Pedro G. - El verso

Aunque confieso que ya no me enerva
hubo un tiempo en que soñé que escribía
un verso que te arañaba, te conmovía
y me acercaba al Templo de Minerva.

Era un verso que he perseguido a tientas
entre poetas malditos (benditos poetas)
cantantes orates, sabios y falsos profetas.
Jamás lo alcancé, aunque tú me mientas.

En la encrucijada inicial de cada soneto
asoman sus rostros pasión y lamento,
la ilusión y el tormento de cada momento.

Y busco el verso. Sólo ése. Te lo prometo.
Leerlo en otros me ayuda a sentirme más vivo
aunque he dejado de soñar que yo lo escribo.

Recreación del Foro de Nerva (Roma)
con el Templo de Minerva al fondo


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