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Joaquín Sabina - Y además




Me he bebido de un trago tu carta
y después me la he vuelto a beber,
he velado una vela sin tarta
harta ya de estar harta otra vez.

Le he pedido a Cupido la cuenta,
he pagado con sangre la afrenta 
de volverme loca,
he vencido al amor por las malas,
me he cosido un corpiño antibalas
pensando en tu boca.

Y además, 
como no sabía rezar,
me dio por coleccionar 
letanías 
y escapularios,
por culpa del incendiario 
hielo que me consumía.
Para curar tus ojeras 
me doctoré en oraciones
de todas las religiones 
verdaderas.

Empeñé nuestro ajuar de soltera
diez minutos después de enviudar,
un alivio de luto me espera
en el fruto del jacarandal.

He pintado la alcoba de rojo,
he regado con sal el rastrojo 
que pudo haber sido
he dejado la llave en la puerta,
me he bañado en la playa desierta
del mar del olvido.

Y además, 
como no sabía volar,
me dio por coleccionar 
pañuelos y golondrinas,
por culpa de la rutina 
del vaivén de las aceras.

Y sin embargo, 
ajeno a mis conjuros,
en almacenes oscuros 
se amontonaban los días,
cada noche más amargo
y en el andén del futuro
 los trenes de cercanía
seguían pasando de largo 
entre tu cama y la mía.
 
 

Quintero, León y Quiroga - Y sin embargo te quiero





Me lo dijeron mil veces,
mas yo nunca quise poner atención.
Cuando vinieron los llantos
ya estabas muy dentro de mi corazón.

Te esperaba hasta muy tarde,
ningún reproche te hacía;
lo más que te preguntaba
era que si me querías.

Y, bajo tus besos,
en la madrugá,
sin que tú notaras la cruz de mi angustia
solía cantar:

Te quiero más que a mis ojos,
te quiero más que a mi vida,
más que al aire que respiro
y más que a la madre mía.

Que se me paren los pulsos
si te dejo de querer,
que las campanas me doblen
si te falto alguna vez.

Eres mi vida y mi muerte,
te lo juro, compañero;
no debía de quererte,
no debía de quererte
y sin embargo te quiero.

Vives con unas y con otras
y na se te importa de mi soledad;
sabes que tienes un hijo
y ni el apellido le vienes a dar.

Llorando junto a la cuna
me dan las claras del día.
Mi niño no tiene padre
¡Qué pena de suerte mía!

Anda, rey de España,
vamos a dormir,
y, sin darme cuenta, en vez de la nana
yo le canto así:

Eres mi vida y mi muerte,
te lo juro, compañero;
no debía de quererte,
no debía de quererte
y sin embargo te quiero.